Antes de presentar una propuesta conviene revisar el trabajo diario de la unidad y localizar dónde se pierde el tiempo. No se requieren conocimientos de inteligencia artificial: quien conoce el proceso es quien sabe dónde se atasca.
Los mejores candidatos suelen compartir estas señales. Un proceso que cumpla tres o más conviene proponerlo.
Lo mismo, una y otra vez, con pocas variaciones entre casos. Cuantos más casos al año, más impacto tiene automatizarlo.
Copiar datos de un sitio a otro, comprobar que un documento trae lo que debe traer, cruzar listados a mano.
Tareas que no requieren decisión experta: ahí es donde la automatización y la IA rinden bien y liberan tiempo para lo que sí lo exige.
Se acumula en fechas concretas, depende de una sola persona o provoca retrasos y subsanaciones.
Si el mismo problema aparece en varios sitios, se resuelve una vez y se reutiliza. Puntúa alto en la priorización.
La señal más fiable: conviene preguntar al equipo qué parte del trabajo le resulta más tediosa.
También son necesidades: una aplicación que se ha quedado atrás, una herramienta de IA que haría falta, la formación que necesita el equipo y las pautas o normativas que se echan en falta para trabajar con criterio. Todo ello se presenta por la misma vía.
Media hora de trabajo con las personas adecuadas rinde más que semanas de análisis en solitario.
En las jornadas de julio de 2026 se explicó qué permite hoy la inteligencia artificial, cuánto cuesta y qué límites legales existen. Sirve para calibrar qué es razonable proponer: la grabación y el contenido tema por tema.
Si no está claro por dónde empezar, puede solicitar una sesión de formación: en ocasiones lo que parece un desarrollo se resuelve con las herramientas ya disponibles.
Descargue la plantilla para dejarla por escrito con su equipo y envíela a través del formulario. Desde ahí se analiza, se busca lo que es común a varias unidades y se prioriza.